Mujer, empresaria y presidenta de la Asociación de Empresarios de Hostelería y Restauración del Albaicín (AEHRA). Se llama  Ana Fernández Carrillo y lleva trabajando en el Albaicín, dentro del sector, casi 20 años.

«En mi negocio damos comidas sencillas porque está en un lugar de paso. Pronto cumpliremos 3 años desde que abrimos aquí. Fui adoptando mi servicio a lo que pide la gente. No comidas elaboradas ni caras», explica Ana, quien antes tenía un restaurante con vistas a la Alhambra. Antes que ella regentara este establecimiento había una tetería, que a su vez había sucedido a una taberna que durante 30 años permaneció en ese lugar.

Esta transformación sirve de ejemplo al momento que vive el sector en el barrio: «El aumento del turismo en el Albaicín nos ha venido bien pero mucho, mucho tampoco. Excepto el número de cármenes con vistas al Alhambra, que sí ha crecido, muchos sitios nuevos más no hay. Se han renovado y abierto algunos más pero no una cifra excesiva».

Ana recuerda que AEHRA nació porque en 2011 empezaron a tener reuniones varios amigos con bares y restaurantes en el barrio. «Siempre hablábamos de lo mismo: que cuando venían los turistas, visitaban el Mirador de San Nicolás y preguntaba qué podían hacer después. Porque no había nada abierto».

«El turismo de masas no es bueno ni para los hosteleros ni para nadie. El turismo de paraguas deja muy poco dinero. Nosotros preferimos familias, grupitos pequeños,…»

Actualmente son una veintena de asociados. «Estamos un poco cansados porque no nos hacen caso», reconoce. «El turismo de masas no es bueno ni para los hosteleros ni para nadie. El turismo de paraguas deja muy poco dinero. Nosotros preferimos familias o grupitos pequeños,…» En su opinión, no hay más socios «porque es cómodo. No se trata de asociarse para pedir y que te den. Los intereses tienen que ser comunes. Los que estamos abogamos por un turismo sostenible y la gente que no está a lo mejor no cree en eso y por eso no está».

La conexión del Albaicín es uno de los temas que más preocupa a la presidenta de AEHRA. «A este barrio no se puede venir en coche. O se viene en transporte público (ojo, el trenecito no es un transporte público sino privado y contra el que estamos todo el mundo) o se viene caminando. Yo animo a mucha gente que vaya a la Alhambra por la Cuesta de los Chinos, que se ha mejorado mucho en los últimos años. Hemos luchado mucho por la conexión con la Alhambra. Pero nos quitaron el autobús 32 y seguimos sin él. Daba servicio a turistas y vecinos». La «creciente inseguridad» es, en su opinión, uno de las mayores preocupaciones de los vecinos. También echa en falta más limpieza del entorno.

«El Albaicín es muy bonito pero ha cambiado mucho. Los vecinos dicen que sin supermercados ni tiendas, ¿qué hace la gente? Las tiendas han muerto porque la rehabilitación de casas abandonadas es cara y la gente humilde compra una casa en el Zaidín o la Chana. Otros se han ido».

También sus proveedores se ven afectados. «Muchos no quieren trabajar el barrio porque les resulta muy difícil. Sólo dejan pasar a unas horas, no hay zonas de carga y descarga,… Aquí los bares y restaurantes somos pequeños y hay veces que pienso que tendríamos que hacerles un monumento para que no nos digan que nos busquemos la vida. En el barrio compro pan, dulces, verdura y fruta».

Respecto a su convivencia con el resto de vecinos, señala que es «buena». Incluso afirma que «las terrazas no pueden ocupar el 100% las plazas ni las calles. Debe estar regulado porque es espacio público. Este barrio necesita a los turistas, y a los bares y los comercios. Pero no hay comercios. Si hubiera más turistas que pernoctaran aquí seguro que habría zapaterías, tiendas de regalo»

Y concluye: «¡Estamos en un barrio singular, Patrimonio de la Humanidad! Hay que apostar por él».

* Ana Fernández es la primera mujer que aparece sentada a la derecha de la fotografía.

*Foto: Pepe Marín