Soy un buscador de fotos. Un coleccionista compulsivo. Gracias a Internet se ha podido recuperar y conocer las primeras fotografías del Albaicín, Granada y España». Ésta es solo una de las pasiones de Antonio Sánchez, reputado arquitecto granadino que, entre otros muchos merecimientos, cuenta con haber rehabilitado la única casa nazarí que queda en Granada. Y que es su casa, para más señas.

«Tuve la suerte de acceder a una casa muy especial, donde vivo, en 1976. Es la única casa nazarí que se conserva. Para recuperarla, empecé a buscar fotografías y localicé planos de mi casa. Este fue el acicate inicial de mi pasión por la fotografía. Primero busqué todos los grabados, cuando acabé con ellos busqué fotografías y después me ayudó mucho Internet. Pero Internet también se ha acabado ya. Por las noches me dedico a buscar colecciones de miles de fotografías hechas en los años 50 y 60 del siglo XIX sobre Granada. Pero ya no hay más».

A partir de descubrir su casa, que se la “descubrió” su maestro, tardó 5 años en rehabilitarla. «Todavía me sigue hablando”, asegura.

No obstante, dos veces al año acude a París a ferias especializadas. En una de ellas encontró la que, a día de hoy, es la foto más antigua de Granada, datada en 1851.

«Hemos llegado a un nivel de complicación imposible en la gestión de licencias municipales. Hay proyectos míos que llevan más de 20 años tramitándose para restaurar casas maravillosas».

La restauración del Carmen de los Cipreses fue su primer proyecto. «Aunque me lo premiaron, fue una metedura de pata tremenda», reconoce. Hoy suma unos 250. Actualmente está intentando recuperar el Carmen de Santa Teresa, en la calle Pagés del Albaicín. «De allí, donde vivía mi abuela, tengo mis primeros recuerdos. Estoy intentando recuperarlo a través de fotografías aéreas. Pero se ha perdido mucha documentación que nadie sabe dónde está».

Del proyecto que se siente más orgulloso es la restauración del monasterio de Santa Isabel la Real, que se prolongó durante 25 años. «A esa comunidad de monjas, Granada les debe mucho. Es una de las maravillas de la ciudad», asegura.

En su mesa de trabajo se agolpan varios proyectos a la vez. A cual más ambicioso. A cual más mimado. «Estoy trabajando en el Carmen de Apperley, que lo ha comprado un granadino que vive fuera de España. Es pequeño pero muy hermoso». Además, el Patronato de la Alhambra le ha encargado la recuperación de la Acequia de Santa Ana, llamada también Romaila. «Pero quedan muchas casas por descubrir», asegura. Aunque, en su opinión, el Albaicín es más para rehabilitar que para experimentar.

No todo son alegrías en la trayectoria de este arquitecto. «Hemos llegado a un nivel de complicación imposible en la gestión de licencias municipales. Hay proyectos míos que llevan más de 20 años tramitándose para restaurar casas maravillosas. ¡Y yo no soy un recién llegado! Este tema no tiene nada que ver con el color del gobierno municipal», afirma mientras se encoge de hombros. Añade categórico: «El Plan del Albaicín de 1990 tenía que estar vivo y no se ha hecho».

Sus sinsabores no deben ser pocos ni pequeños. Resulta evidente cuando relee  los renglones escritos a mano por Rodríguez Balbas en una carta que él tiene reproducida en su estudio, donde Torres Balbás se queja, con mucha serenidad, de cómo es posible que reciba tanto rencor por una parte de Granada cuando gracias a él se empezó a recuperar la Alhambra. “Es que no puedo, no puedo leerlo…” ¿Quizás porque siente algunas semejanzas de las dificultades que ha sentido durante su trabajo como rehabilitador del Albaicín?

Con 68 años y 41 trabajando en el barrio, sintetiza su otra gran pasión: «Soy arquitecto por vocación. Cuando terminé la carrera en 1976 decidí venirme a Granada a trabajar en el Albaicín. El 70% de mi trabajo está en el barrio. Llegué con una idea, que es la misma con la que espero jubilarme: el agua. Intento hacer una tesis doctoral sobre la acequia de Aynadamar porque recuerdo que en el Carmen de mi abuela no había agua corriente en los años 40. Venía un burrero con agua de la Fuente del Avellano y la cogíamos en cántaras con cazos».

Paco Izquierdo, Santiago Navarro, Manolo Mudéjar y Rafael Guillén son algunos de los nombres que repuntan en sus recuerdos periódicamente. «Ellos eran con lo que viví aquel Albaicín de aquellos años 70».

«¿Cual es mi balance de estos años? Estoy muy preocupado por el Albaicín. Los pisos turísticos están deteriorando el barrio. Además, se han hecho obras de urbanización muy malas. El barrio tiene que ser para pasear pero se han hecho patatales que molestan hasta para andar. Un buen ejemplo es la Placeta de Porras».

Antonio es categórico al afirmar: «Al Albaicín no se le mima. Yo resido aquí pero ahora mismo es muy difícil vivir aquí. Las calles se han hecho imposibles. No debe haber terrazas en el Paseo de los Tristes; tampoco se limpia la vegetación del río y el río, ni se ve», concluye.

*Foto: Pepe Marín