En un momento dado de la muy negra, muy intensa y muy premiada “Días contados”, Ruth Gabriel le exige una prueba de romanticismo al personaje principal, interpretado por Carmelo Gómez: si quiere hacer el amor con ella, tendrá que ser en un lugar especial, mágico y cargado de significado, no en cualquier sitio o de cualquier manera.

La ciudad elegida será Granada. Y el director de la película, Imanol Uribe, en un alarde de sapiencia cinematográfica y de economía de medios, resolverá la situación de una forma tan sencilla como visualmente portentosa: situando la cámara en el Carril de San Miguel y filmando una toma horizontal de la Alhambra y el Albaicín, al amanecer.

Con un sencillo barrido horizontal y en una sola toma de escasos segundos, la imagen del Albaicín proyectada en pantalla se convierte en sinónimo de misterio, placer romántico y lujurioso, amor a raudales y gozo sin límites. No es necesario subrayarlo con diálogos añadidos, música estridente o a través de una iluminación artificiosa. Granada transmite sensaciones. Es lo bueno de nuestra ciudad, a la que el Albaicín le aporta su fuerza y su magnetismo, contribuyendo a construir un excitante imaginario colectivo para los cinéfilos de todo el mundo.

De ahí que nuestro barrio universal se haya convertido en un inmenso plató a lo largo de la historia. Repasamos este imaginario colectivo-cinematográfico a través de cinco significativas películas y series de televisión.

Caníbal

Dirigida en 2013 por Manuel Martín Cuenca, es la película que más y mejor muestra las inmensas potencialidades de la provincia de Granada como tierra de cine, con espléndidas secuencias filmadas en la Costa Tropical o en lo alto de una impresionante Sierra Nevada.

Pero el escenario por excelencia de “Caníbal” es el Albaicín, con el Darro como protagonista, que el sastre interpretado por Antonio de la Torre tiene su vivienda a un lado del río y su taller, justo enfrente, cruzando el puente de Cabrera, exactamente en el número 17 de la Carrera del Darro.

Fue un rodaje muy especial, el de “Caníbal”, hasta el punto de que Martín Cuenca pudo filmar imágenes del Albaicín cubierto de nieve, tras la nevada que cayó el día de Andalucía de aquel año. Secuencias muy impresionantes, también, de la Semana Santa granadina, con algunos de sus pasos más singulares subiendo por la propia Carrera del Darro, sobre los que el personaje de Antonio de la Torre ya había dado pistas cuando se acercó a la cancela de la Iglesia de San Pedro y San Pablo.

Igualmente significativa es otra secuencia de la película en la que Antonio de la Torre y Olimpia Melinte cruzan por el otro “gran” puente sobre el Darro, el de Espinosa, que aparecía muy bien retratado en películas como “El hombre que supo amar”, protagonizada por Timothy Dalton, o en series como “Isabel”: en el capítulo final de la segunda temporada, en concreto, se convierte en punto de referencia durante varias secuencias, como la de la expulsión de los judíos.

Tadeo Jones 2: El secreto del Rey Midas

A finales de 2017, el Ayuntamiento de Granada puso en marcha la Ruta de Tadeo Jones en Granada, una excelente iniciativa turística para dar visibilidad a los escenarios recreados en la película de Enrique Gato, protagonizada por un albañil español enamorado de la arqueología que vivirá  mil y una aventuras, una de las cuáles le trae a Granada, donde participará en vertiginosas persecuciones por las estrechas calles del Albaicín.

Además de recorrer diversos espacios de la Alhambra y la Cuesta de Gomérez, Tadeo Jones transita por la Iglesia de Santa Ana, la Cuesta del Chapiz y la estrecha San Juan de los Reyes. Se enfrentará a las cuestas, las escaleras, los adoquines y las pilonas, usará la cerámica de Fajalauza como arma arrojadiza, aprovechará los puentes sobre el Darro para cobrar ventaja sobre sus enemigos y, por supuesto, tendrá tiempo para ver la Alhambra… y hasta para hacerse un selfie.

La Ruta de Tadeo Jones 2 es una estupenda iniciativa, además, para convencer a los pequeños de la casa de que el turismo cultural puede ser algo muy interesante y divertido, cuando se enfoca de la manera adecuada.

Lorca, muerte de un poeta

Antes de que, con la llegada del siglo XXI, entráramos en la nueva Edad de Oro de la Televisión, RTVE produjo extraordinarias series que, hoy, se han convertido en piezas de culto. Por ejemplo, “Lorca, muerte de un poeta”, dirigida por Juan Antonio Bardem en 1987. Son seis episodios de 40 minutos de duración en los que se sigue la vida -y la muerte- de nuestro poeta más universal, con diversas secuencias filmadas en el Albaicín.

Por ejemplo, en el primer capítulo, vemos a un Lorca enamorado de la música y de la vida, paseando tranquilamente por la Carrera del Darro, con hermosas vistas del ya citado puente de Espinosa, con la cámara fijada en el vecino puente de Cabrera.

O en el segundo capítulo, titulado “La residencia”, cuando el poeta está en pleno proceso de formación y sube las escaleras junto a la placeta de Porras para llegar hasta el Carmen de Santa Inés, donde entregará un libro a la maravillosa Emilia Llanos. O cuando aprende a tocar la guitarra, en imágenes tomadas desde el mirador de los Carvajales, con vistas a la Alhambra.

Otra vista a la Alhambra, cuando el Paseo de los Tristes gira hacia la Cuesta del Chapiz, nocturna en este caso, muestra ya los primeros ecos de la Guerra Civil y anticipa esa oscura noche del alma que no tardaría en abatirse sobre Federico García Lorca.

La luz prodigiosa

Dirigida en 2003 por Miguel Hermoso y basada en la novela homónima de Fernando Marías, “La luz prodigiosa” fabula con la posibilidad de que Lorca no hubiera muerto tras ser fusilado, en 1936. ¿Y si hubiera sobrevivido y, amnésico y tocado de la cabeza, vagara por las calles de Granada, convertido en un vagabundo… o en un fantasma?

Filmada en multitud de escenarios granadinos -por ejemplo, la Biblioteca Municipal del Salón, junto al Puente Romano sobre el Genil, no solo luce en todo su esplendor, sino que desempeña un importante papel en la trama- hay un momento en que el personaje de Alfredo Landa sigue al Lorca interpretado por Nino Manfredi por la calle Cruz de Quirós, en las escaleras peatonales junto a la esquina con Bocanegra, donde se contempla una maravillosa perspectiva de Granada con la Catedral en el centro, tal y como se puede apreciar en el espectacular y cercano mirador de Cruz de Quirós.

Una magnífica forma de contextualizar la belleza de una ciudad milenaria, cargada de historia… y de historias.

Empezó con un beso

¿Sabían ustedes que el mismísimo Batmóvil subió, en una ocasión, por las intrincadas calles del Albaicín, hasta quedar aparcado en el Mirador de San Nicolás?

Claro que por entonces, finales de los 50, solo era un Lincoln Futura, vehículo que posteriormente sería tuneado para convertirlo en el coche de Batman de la famosa serie sesentera. En “Empezó con un beso”, Glenn Ford es un serio militar que, siguiendo un impulso, se casa con una corista interpretada por Debbie Reynolds. Destinado a una base americana, disfrutan de su luna de miel recorriendo una exótica España en un enorme coche ganado en una tómbola, mientras aprovechan para conocerse algo mejor.

En Granada, buscan un hotel y, por la noche, el jaleo de la calle no deja dormir a los tortolitos: una farra gitana con cante y baile les sacará de la cama… y les animará a sumarse a la fiesta.

“Empezó con un beso” es una comedia romántica sin más pretensiones a través de la que Hollywood contribuyó a mostrar al mundo la apertura del régimen de Franco; una contraprestación cultural por permitir la instalación de las Bases norteamericanas en España.

Días contados

Terminamos este corto, pero apasionado recorrido cinéfilo por el Albaicín volviendo al principio, a “Días contados”, película basada en una novela de Juan Madrid y que utiliza un punto de fuga visual y emocionalmente espectacular: la Cuesta de Gomérez, esa especie de Pasadizo en el Tiempo que conecta la Granada bulliciosa de Plaza Nueva con el sosiego, la paz y la calma atemporal de las primeras estribaciones del bosque de la Alhambra.

Por ahí suben los protagonistas, interpretados por Carmelo Gómez y Ruth Gabriel, dejando atrás los problemas de su vida, camino del Hotel Alhambra Palace, en busca de una tregua, de un refugio donde dar rienda suelta a su pasión.

Justo al contrario que el personaje de Antonio de la Torre que, en “Caníbal”, va de bajada, camino de la ciudad, cuando se encuentra con la foto de una mujer asesinada: la cruda realidad saliéndole al paso.

Y es que la Puerta de las Granadas es, efectivamente, un arco espacio-temporal que conecta la Granada milenaria soñada, imaginada, pintada y filmada a lo largo de la historia con la Granada real, vibrante y pujante del siglo XXI.

Jesús Lens. Escritor y cinéfilo