El palacio formaba parte de una gran finca con huertos y jardines, cedida por la reina Isabel la Católica para fundar el Convento de Santa Isabel la Real. El Palacio de Dar Al-Horra abre sus puertas en el Albaicín alto, origen de la Granada musulmana y sede de los reyes zirís, en una encrucijada de callejones estrechos y muros que esconden la intimidad de encantadores cármenes. Dar Al-Horra significa «Casa de la honesta» y fue la última residencia de la sultana reina Aixa, la esposa legítima del sultán Muley Haccen, ambos padres de Boabdil, el último rey de Granada. Fuera de la Alhambra, Dar Al-Horra es el más esclarecedor ejemplo de la arquitectura palatina, su estructura y decoración son las características del arte nazarí. El edificio consta de un patio central con alberca en torno al cual se distribuyen las estancias y dos pórticos en los lados menores. La zona más interesante es la del pórtico norte, desde cuyo mirador se divisa una hermosa vista hacia el cerro de San Cristóbal y el poniente de la capital. Las inscripciones labradas en las yeserías del mirador refuerzan el carácter privado de la casa con palabras y frases de celebración como ”Bendición”, ”Felicidad”, ”La salud es perpetua” y ”La dicha continua”.