El final del XIX y principios-mediados del siglo XX muestran un Albaicín en abandono y casi marginal. En los años 60 y 70 muchos vecinos se marchan a otras zonas de la ciudad donde se construyen pisos nuevos. La declaración del barrio como Patrimonio de la Humanidad en 1994 supone -o debe suponer- un punto de inflexión para el futuro del barrio.

Señala el investigador Miguel Carrascosa: «Desde la finalización de la época islámica el barrio no ha tenido esplendor, se ha ido abandonando poco a poco y ha llegado a ser en muchas épocas un auténtico barrio marginal o peor. Ese era el barrio que Federico García Lorca describía en los años 20».

Gonzalo Rodríguez nació en el Albaicín el 1 de marzo de 1957.  «Mi abuelo vivía en San Juan de los Reyes. Yo, en Calderería», recuerda. Hoy no vive en el barrio, pero sí uno de sus hermanos. «Más de tres generaciones no vivían en el Albaicín: abuelos, padres e hijos».

Sus recuerdos, claro, son emocionantes pero no por ello deja de ver los problema que había: «Había mucha gente trabajadora pero hacer arreglos en el Albaicín era una locura porque tenían que hacerse con bestias. Los dúmper lo rompían todo y era costosísimo. Era muy complicado adecuar las nuevas construcciones a la normativa. Una casa antigua, adaptada a medidas estándar, no existía». Por eso, señala, poco a poco el barrio se fue deshabitando. Sus vecinos preferían irse a los pisos nuevos que en los años 50 y 60 empezaban a levantarse en el Zaidín y la Chana. «En el Albaicín faltaba de todo, no había comercios. Y la gente se iba porque el barrio se estaba muriendo».

El 17 de diciembre de 1994 la UNESCO declaró el barrio Patrimonio Mundial, lo que supone, o debe suponer, un antes y un después para el Albaicín. Aunque, de forma más categórica y sintética, el informe elaborado por B&S Europe para la Fundación Patrimonio del Albaicín en Julio de 2000 recoge el pasado, presente y futuro de este entorno único: