Desde el primer día de la asociación, pensamos que debíamos contribuir a subir el nivel cultural del barrio”. Son palabras de Lola Boloix, presidenta de la Asociación Bajo Albayzin. Sin duda, una de las vecinas más reivindicativas. A través de este colectivo se han puesto en marcha numerosas actividades culturales. El flamenco es una de sus banderas, tanto por la historia que ha tenido como el futuro que está teniendo.

“El Sacromonte fue una floreciente industria turística en los años 50, 60 y 70. A las cuevas venía gente importante de todo el mundo. Y eso lo consiguieron, solos, los vecinos. Nosotros veníamos a desayunar a Casa Pasteles y nos encontrábamos allí a las que habían actuado la noche anterior. Fue un negocio predominantemente de mujeres porque quienes llevaban las cuevas eran mujeres. Por eso, sabemos qué es una industria turística. Se han empeñado todos en prescindir de la gente de aquí, de un folklore y una forma de vida”, afirma.

Fruto de esa herencia, la asociación organiza años todos los veranos desde hace 18 años espectáculos de flamenco con niños del Sacromonte y el Albaicín, o hijos de los que, siendo de aquí, se tuvieron que ir. “Tenemos que agradecer mucho a Curro Albaicín por lo mucho que colabora con nosotros”.

Fiel a su espíritu reivindicativo, aprovecha Boloix para formular en voz alta: “Yo me pregunto por qué los granadinos no vienen a las cuevas. Si se puede cenar y todo…”

Además del flamenco, este colectivo ha colaborado en la edición de varias publicaciones que ya forman parte del patrimonio cultural del barrio. Dos buenos ejemplos son “El Albayzín contado por sus mujeres” y “El Albayzín, inspiración de pintores”.

“Ahora no podemos editar más publicaciones porque los recursos son escasos. Pero desde hace 12 años organizamos un concurso de fotografía con el Patronato de la Alhambra. Participamos mucho con ellos. Son gente estupenda”, señala.

Entre sus deseos inminentes está organizar un homenaje a Antonina Rodrigo, que tiene más de 80 años. “Hemos propuesto al Ayuntamiento que ponga su nombre a una plaza”.

“Tenemos un barrio que se ha conservado por los vecinos. Todos en mayo blanqueamos las paredes de nuestras casas, ponemos geranios en las ventanas, etc».

En cuanto a los problemas del barrio, Lola Boloix no esconde cuál es su principal queja: “Podrían contar con nuestra asociación más a menudo. No es cuestión de dinero. Las personas mayores lo tienen muy claro: ¿por qué no se las escucha?”.

Porque, recalca, el principal valor del Albaicín son sus residentes: “Tenemos un barrio que se ha conservado por los vecinos. Todos en mayo blanqueamos las paredes de nuestras casas, ponemos geranios en las ventanas, etc. Pero con los cambios que están produciéndose en el barrio, cada vez notamos más diferencia con las relaciones que antes teníamos. Por eso, hay que contar con las personas que llevamos aquí desde siempre”.

Los niños y los mayores son dos colectivos que preocupan especialmente a la presidenta vecinal. “Ya no hay mayores. Cuando voy a ver a Curro Albaicín a su cueva, ponemos a parir a todo el mundo y me dice: “Si es que los viejos que quedamos somos tú y yo”. Pero es que tampoco se están quedando los jóvenes”, apostilla.

Porque, en su opinión, “la cuestión no es arreglar los baches. Hay que mirar más a largo plazo: que a la gente joven les merezca la pena rehabilitar la casa y que tengan tiendas de pan al lado. Es en este sentido que el barrio se está vaciando. Antes era como un pequeño pueblo, donde se podía subsistir. Cuando teníamos que ir a la ciudad, decíamos: “Voy a bajar a Granada”. La zona plana alta está mejor. Hay bares no sólo para turistas, supermercados, etc. Pero hacia arriba y hacia debajo de esa zona, mucho menos”.

Respecto a la infancia, se pregunta: “¿Dónde llevamos a los niños? No hay ni un solo parque ni un jardín”.

Aunque no es albaicinera de cuna –“nací junto a la Virgen de las Angustias. Soy hija de familia bien. Jajaja. Mi hijo llegó con tres años y lo metí en el colegio Gómez Moreno. Por eso he vivido dentro del barrio»-, sin duda Lola Boloix es una de las personas que más pasión pone en la lucha por el barrio. “La gente debe saber a qué viene a este barrio”, insiste.