En el marco incomparable de Sierra Nevada, Granada, la mítica ciudad de las tres colinas: Alhambra, la roja; Albaicín, la blanca, y la Cartuja. Ha sido para mí una gratísima tarea contribuir al reconocimiento mundial y adecuada conservación de las tres, convencido de que se trataba de cuidar, para disfrute de los granadinos y admiración de propios y extraños, una de las más notorias ciudades del mundo, por su belleza, su historia, su singularidad.

En 1971, siendo Rector de la Universidad, se logró, gracias a la diligencia del Ministro José Luis Villar Palasí y la generosa cooperación de la Compañía de Jesús, la adquisición de la Cartuja por el Estado para la Universidad de Granada. Y en 1994 propuse, como Director General de la UNESCO a la sazón, la extensión del reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad de La Alhambra y el Generalife al maravilloso espacio albaicinero, añadiendo al conjunto la dimensión humana de la que antes carecía.

La contemplación desde el Albaicín de lo que ya corresponde a la humanidad entera es uno de los mayores alicientes turísticos a escala planetaria. Y se comprende entonces mejor la emotiva expresión de Federico García Lorca cuando escribió: “¡Con qué trabajo tan grande deja la luz a Granada!”.

Federico Mayor Zaragoza, primer presidente del Centro Unesco Andalucía