A Miguel Carrascosa le duele el Albaicín. Tras los cristales oscuros de sus gafas, su mirada cálida tiembla cuando repasa las deudas que pesan sobre un barrio que no es cualquier barrio: «Que un conjunto urbano de estas características esté dentro de la lista de Patrimonio Mundial es un privilegio pero ni los granadinos ni en general las autoridades han valorado lo que ese hecho representa. El gran problema es que las instituciones no se dan cuenta de la importancia que es tener un conjunto de estas características. Evaden compromisos, pese a que recientemente les facilitamos una lista exhaustiva de tareas que deben realizarse».

No es un vecino cualquiera Carrascosa. Presidió, desde su creación en 1994 hasta febrero de 2012, el Centro UNESCO de Andalucía, con sede en Granada. Su labor investigadora sobre el Albaicín ha sido ingente, llevándole a escribir cuatro libros sobre el barrio, con 250 páginas de media cada uno, además de numerosos artículos en prensa. «Aunque la gente no lee mucho», reflexiona.

Esta labor intelectual la compaginó con su vocación social. Fue el creador e impulsor de la biblioteca del barrio durante su etapa de director del colegio Gómez Moreno, llevando su actividad mucho más lejos de la mera labor pedagógica. «Como vivía en la portería del colegio, las familias más pobres venían por la noche pidiendo comida porque no tenían cena para sus niños y entonces les dábamos la leche en polvo americana que nos llegaba».

Carrascosa cumplió 90 años el pasado 13 de julio. 59 lleva trabajando y viviendo en el Albaicín. «Desde entonces, se han mejorado centenares de viviendas y de calles, se tiene acceso con el minibús, sin el que las personas mayores no habríamos podido seguir viviendo aquí, pero resta mucho por hacer», afirma. «He llorado muchas veces porque no me han hecho caso. ‘Qué ganicas tengo de que el Albaicín deje de ser Patrimonio Mundial’, me llegó a decir una autoridad municipal de quien no quiere dar nombre».

Sobre la cuestionada convivencia entre vecinos y turismo, señala: «Se tenía que haber potenciado la permanencia en el barrio de artesanos, que eran el alma del barrio. No promocionamos a tiempo para que vivieran aquí. Si sólo dejamos el barrio para el turismo nos equivocaremos porque el turismo puede fluctuar. Los trabajadores, en cambio, son para siempre. Los vecinos tienen razón al expresar su descontento con el turismo masivo».

«Las asociaciones de vecinos tienen que explicar lo que el turismo representa en la ciudad, hacer atractivas sus calles. Pero atacar al turismo sería atacarse a sí mismo porque se abandonaría el barrio. Lo que me preocupa del turismo es que vienen oleadas de turistas».

Sin embargo, Carrascosa advierte: «Las asociaciones de vecinos tienen que explicar lo que el turismo representa en la ciudad, hacer atractivas sus calles. Pero atacar al turismo sería atacarse a sí mismo porque se abandonaría el barrio. Lo que me preocupa del turismo es que vienen oleadas de turistas. Me preguntan por Dar Al-horra y me da vergüenza indicarles el callejón que lleva allí, tan abandonado».

Y añade: «Los vecinos también tienen que ser responsables de su barrio. Cuando visitamos pueblos blancos de Cádiz nos consta que tanto vecinos como ayuntamiento se comprometen a limpiar los barrios en primavera. Sin embargo, da sonrojo pasear por algunos rincones del Albaicín. Las cosas de Carrascosa, me decían…»

En el sombreado patio de su casa, saca una carpeta donde guarda los folios que está escribiendo para conmemorar sus 90 años. Mientras los saca, responde: «¿Que cómo llego a mi edad? Queriendo a los que nadie quiere». Por fin, encuentra la portada de los documentos que busca. Reza la portada: “Motivos para estar satisfecho, alegre y esperanzado”. Felicidades, Miguel. Y a por los siguientes 90 con ese espíritu.

*Foto: Pepe Marín